Como prometí, seguiré definiendo mis plantas y hierbas favoritas de América por las propiedades que hoy en día podemos disfrutar:
Agave:
Esta planta herbácea corresponde a las plantas perenne, es silvestre y cultivada. Las hojas son de color gris verde, tienen una lista amarilla en sus bordes y son gruesas, carnosas y muy largas, tal vez más de un metro; son dentadas, lanceoladas y espinosas al borde, terminando en una punta espinosa y resistente. El tallo de la flor sale del centro de las hojas, y llega a veces hasta 8 metros de alto; las flores brotan al término de este tallo, no muy numerosas y de color gris verde. La cocción de las hojas, que se hace con 60 gramos de éstas en 1 litro de agua, bebida en las comidas es útil para depurar la sangre, los ríñones y los intestinos, y también para curar las enfermedades del tugado y la ictericia. Si se le agrega a la planta en cocimiento un puñadito de ajenjo, servirá para purificar el estómago, y resultará beneficiosa en la hidropesía, eliminando las substancias acuosas. Al añadir a la cocción de agave, miel de abejas, se obtendrá una óptima bebida de calidad refrescante y depurativa; y si este cocimiento se filtra, se podrá emplear como colirio en la curación de los ojos inflamados. Las rafees del agave, en dosis de 30 a 40 gramos por 1 litro de agua, son eficaces depurativas de la sangre, su cocimiento, añadiendo por cada taza el jugo de medio limón, es bebido durante las comidas.
Agripalma:
Es frecuente encontrarla entre ruinas y escombros o en terrenos no cultivados de Europa central. Se hace la infusión con las sumidades floridas, en dosis de 1 cu-charadita por taza de agua, tomándose tres veces al día; actúa como sedante sobre el sistema nervioso central y vegetativo, en forma parecida a la valeriana, pero con efecto más intenso. La cocción se emplea en las partes externas como cicatrizante.
Ajenjo:
Esta planta es silvestre y se encuentra en las riberas pedregosas y en lugares no cultivados de los llanos montanos. Toda ella es vellosa, ramificada y blanquecina; las flores, amarillas, chicas y numerosas, forman racimos compuestos. Por sus principios amargos, es usada en todos los casos en que se hace necesario estimularla digestión, es decir, en ¡a clorosis, anorexia, dispepsia, meteorismo, convalecencia, etcétera. La infusión se hace con media cucharadita por taza de agua, y se toma media hora antes de las comidas. Pero, a causa de su sabor amargo, se prefiere usar el vino o la tintura; esta última en dosis de 20 a 30 gotas, antes de las comidas. El vino se prepara con la maceración, durante 24 horas, de 30 gramos de hojas secas en 60 gramos de alcohol de 60 grados; después se le añade un litro de vino blanco, y se filtra al cabo de unos diez días; la dosis no debe ser de más de 100 gramos al día. No hay que olvidar que el hábito de tomar aperitivos o licores que contengan ajenjo puede tener graves consecuencias, es decir, provocar el envenenamiento lento (ab-sintismo crónico), característico del ajenjo, que puede causar convulsiones epilépticas.
Alcanfor:
Originario del Asia oriental, da la substancia bien es conocida ;on su mismo nombre, destilándose la madera y las hojas. Tiene varios usos industriales. En medicina se utiliza externamente, en emplastos o soluciones oleosas y alcohólicas, para combatirlas neuralgias, la gota y los dolores musculares y articulares; y su empleo interno es muy valioso contra el colapso cardíaco, la esclerosis, tuberculosis pulmonar, pulmonía, asma, tifoidea, fiebres intermitentes y eruptivas, purulentas, pútridas, la peste, la viruela y la gangrena; pero no deben usarse cantidades elevadas. Para uso externo las dosis son: Alcohol alcanforado, 1 por 10 de alcohol de 90°; aguardiente alcanforado, 1 por 40 de alcohol de 60°; agua alcanforada, 1 por 100, y aceite alcanforado 1 por 10. Fara uso interno: polvo de madera y hojas de 2 a 5 gramos por día, en pildoras, pociones, etcétera.
Algarrobo:
Es un árbol espinoso que alcanza 6 metros y más de altura. Su fruto se llama algarroba, y es una vaina de 30 centímetros de largo por 3 centímetros de ancho, de un color verde que se pone obscuro cuando madura; contiene semillas y una pulpa dulce que les gusta mucho a los niños. Con el fruto cocido y fermentado se prepara una bebida similar a la chicha, la cual tiene virtudes purgativas^ es muy refrescante. La cocción de dos o tres frutos en 1 litro de agua, da una bebida que refresca mucho, es algo laxante y actúa eficazmente en las afecciones del corazón. Los frutos verdes tienen virtudes astringentes; el caldo de sus cocciones se usa en gargarismos contra la initación de la garganta, en forma de colirio en las inflamaciones de los ojos, y en lavados intestinales en los casos de dianeas.
Algodonero:
Esta planta crece espontánea en muchos lugares, y en cultivo se produce en gran cantidad. La materia que se llama algodón es la membrana de los pelos que envuelven las semillas. Las flores, hojas y semillas del algodonero, en infusión de 12 a 15 gramos por 1 litro de agua, dan un remedio de gran alivio en las afecciones pulmonares y bronquiales, si se toman en pequeñas dosis, resultando valiosa, además en los casos de disentería. La semilla contiene un aceite comestible Con un tratamiento especial, las industrias crean el algodón hidrófilo, de tanto uso en medicina y cirugía.