martes, 5 de mayo de 2009

Plantas medicinales de América - Parte IV

Hoy terminaremos con las hierbas y plantas medicinales que comienzan con la letra 'A'. Pronto vendrán las demás, a no desesperar ;)

Arándano rojo:

Es un arbusto pequeño, de apenas 30 centímetros de altura, que crece en los Alpes. Sus hojas son coriáceas y tiene flores rosadas o blancas; los frutos, de color rojo, son comestibles y contienen mucha vitamina C. Se usa la cocción de las hojas, al 10%, para combatir las diarreas y el catarro gastrointestinal. Otros arbustos de la misma familia son ricos en substancias tánicas, y se emplean como antisépticos del aparato urinario.

Aro:

Es una planta venenosa; si se comen sus bayas rojas de forma redonda se producen envenenamientos hasta muy graves. Sin embargo, preparando una tintura con sus rizomas tuberiformes, en la dosis de 5 a 10 gotas, tomadas tres veces al día, se cura la inflamación del estómago, del intestino y de las vías respiratorias y también los padecimientos de gota y reumatismo.

Arrayán:

Es un arbusto perenne, particular de la zona mediterránea. Las hojas son perfumadas, agudas, ovales, enteras y punteadas; sus flores son blancas, y el fruto es una baya negra. Se hace una infusión o una cocción del 5 al 10%, que se usan como gargarismos en la estomatitis, o se toman en los casos de bronquitis y cistitis.

Atropa belladona:

Con frecuencia esta planta es cultivada, pero vive silvestre en los bosques de Europa. Alcanza una altura hasta de 150 centímetros; tiene flores campanuladas y el fruto es una baya negra, que ya madura se pone amarilla. Su principio activo se encuentra en hojas, raíces y semillas; se aplica en muchísimos usos terapéuticos. Para nombrar algunos: actúa en las terminaciones nerviosas aplacando el dolor; es antiespasmódica, por lo cual se emplea en asma y tos ferina; reduce el sudor en los tuberculosos, y también la hiperacidez gástrica, etcétera.

Azucena:

Es una planta proveniente de Asia, con muy bellas flores blancas, usada como planta ornamental. Los bulbos frescos, reducidos a pasta, para hacer cataplasmas, se agilizan para las infecciones de la piel y las quemaduras, o también se emplea el aceite de azucena, que se obtiene macerando los pétalos en aceite de oliva.


Hasta aquí llegamos hoy, nos veremos en una nueva entrada.

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